De la niña silenciosa a la mujer en pie: la danza se convierte en voz, la vida en alegría.
Sin palabras para decir lo indecible, el cuerpo de una niña empieza a bailar. De esa danza nacerá una mujer sostenida por una fuerza y una alegría de vivir inquebrantables. Su pena, lejos de ser una carga, se convertirá en su mejor amiga. Un viaje turbador, vibrante, vivo.
Fuente: paris.fr — foto: Sébastien Amblard
