Jesustreet desvela el misterio de Jesús a través del trabajo meditativo de los materiales
Escultura Con una formación clásica en grabado, Hacene Sadoune pasó varios años aprendiendo junto al maestro de arte Michel Lorenzi. Después realizó un año de aprendizaje con un escultor reconocido. Reconocido en el mundo del arte contemporáneo, aun así decidió dejarlo todo para dedicarse a un proyecto más profundo, más espiritual: Jesustreet. Este giro fue ante todo una búsqueda interior, una búsqueda espiritual personal que lo llevó a cuestionar el sentido del arte y de la vida. Durante doce años, Hacene Sadoune se aisló, dando forma a obras impregnadas de esa necesidad visceral de conexión. Su gesto, claro y directo, consistía en devolver el mensaje de Cristo a los adoquines de la calle, lejos de los templos y de las instituciones. No era un intento de culto, sino una invitación a un encuentro íntimo, a un diálogo sincero con uno mismo. Confió sus esculturas a los artistas de la calle, al asfalto, al alma de la ciudad. En el corazón de este proyecto se encuentra un bronce impactante: Cristo, marcado por los estigmas de nuestra época - heridas, cicatrices de guerras, de violencia – una lágrima de rubí, símbolo a la vez del dolor y de una esperanza frágil. No se trata de una propuesta religiosa, sino de un viaje personal y espiritual, una invitación a cuestionarse en lo más profundo de uno mismo. Hacene Sadoune nos recuerda que, en un mundo desorientado, la vía del encuentro y del compartir quizá siga siendo la única vía del futuro.
Fuente: paris.fr — foto: © Hacene Sadoune, Jesustreet
